Prevenir el suicidio: juntos podemos hacerlo

El tema del suicidio es un tema muy delicado, complejo y amplio ya que habría mucho sobre lo que hablar con respecto de este tema.
¿Qué hace que una persona tenga ideas o conductas suicidas?
Pienso que son muchas y muy variadas las razones por las cuales una persona puede decidir poner fin a su existencia. El desamor, la soledad, los problemas económicos,  los problemas laborales, la vejez, la falta de trabajo, la pérdida de un hijo/a, la pérdida del cónyuge o de cualquier otro ser muy muy querido, los problemas de incomprensión, la intolerancia y el rechazo social y/o familiar (lo que todavía es peor), por cuestiones de identidad sexual y también de identidad de género (la homosexualidad y la transexualidad, rechazadas y no comprendidas), los problemas de tipo racial, la xenofobia y la discriminación hacia quienes pertenecen a estos colectivos anteriormente mencionados; problemas de timidez extrema, inseguridad y complejos de inferioridad que impiden a las personas que los padecen, relacionarse y desenvolverse en el ámbito social, laboral, familiar, sentimental y sexual, la violencia de género, las agresiones sexuales no superadas por aquellas personas que, por desgracia, las han padecido; los problemas de tipo estético, que provocan en quienes los padecen, un complejo y un trauma que termina resultando ser insuperable; los problemas de salud física en unos casos y los de salud mental en otros. Por increíble y exagerado que pueda parecer, también los conflictos relacionados con el fracaso académico, pueden ser el motivo que lleve a una persona a prescindir de la vida, sobre todo cuando este problema está vinculado a la existencia de un progenitor o progenitores excesivamente exigentes y demasiado duros, en cuanto a los estudios se refiere. Y otras veces, en cambio, el motivo es una extrema carencia de autoestima por parte del estudiante, ante el hecho del fracaso en los estudios, unida también, en muchas ocasiones, a un tan elevado como equívoco sentimiento de culpa.
Todas estas causas y muchas otras, que se me quedan en el tintero, terminan por dejar sumidas a algunas personas, en un estado de profunda tristeza, de un insoportable sufrimiento, de una​ absoluta infelicidad y completa desesperación, que puede  llevar a tomar una decisión drástica , como es la de asesinarse a sí mismas.  Así es, como se podría denominar al suicidio: “Asesinato de uno mismo”. Pienso que todos y cada uno de esos motivos, se reducen a uno sólo. Y ese único motivo, que podría llamarse, El Motivo o también llamarse el motivo, por excelencia, pienso que es un estado depresivo muy grande y que la persona no sabe gestionar bien.
 ¿Qué es lo que verdaderamente hace que una persona acabe quitándose la vida? ¿Por qué una persona realiza un acto tan grande, tan monstruoso, tan horrible, tan increíble a la vez y tan irreversible, como es el de matarse a sí misma?¿Qué es lo que le ocurre realmente?¿Qué es lo que está pasando en la mente de esa persona?¿qué es lo que está pasando exactamente? Cuántas preguntas nos hacemos cuando nos ponemos a reflexionar sobre el suicidio y sobre las consecuencias psicológicas y emocionales que este hecho produce en los supervivientes, en los padres, hijos, hermanos, amigos, parejas y demás familiares, de la persona que por decisión propia, ha querido irse de este mundo.
Hace tiempo vi una película excelente, por cierto, que trataba este tema del suicidio de una manera muy real. La película se llama “Los límites del silencio” y el actor protagonista es el portorriqueño Andy García, en una interpretación absolutamente magistral del personaje. Os aconsejo a quienes no la hayáis visto que la busquéis en Internet y la veáis. Vale la pena. Es una película digna de ver porque en ella queda muy bien reflejado ese sentimiento de culpa. Cómo ese padre se siente tan culpable de lo que el hijo ha hecho, porque… quizás debería haberle prestado más atención, o tal vez no haber sido tan duro con él, aquella vez que pasó aquéllo, y tantas y tantas cosas que se le pueden pasar a unos padres por la cabeza, cuando no saben el motivo por el que un hijo/a ha hecho algo como eso. Y cuando, por fin, descubren el motivo, su tormento aún así, continúa porque sigue estando presente y martilleando el pensamiento de que pudieron haber hecho algo para evitarlo.
Cuando llega a mi conocimiento que alguien se ha suicidado, a veces, no sé por quién sentir más pena; si por la persona que “se ha ido”, o por la familia (padres, hijos o hermanos) de esa persona. Personalmente, creo que el suicidio de un ser muy querido, es una de las peores, más trágicas y más dramáticas muertes que existen y que nadie querría para ningún ser querido. El suicidio de un hijo o hija, para unos padres, sobre todo, tiene que ser algo tremendo, demoledor, algo por lo que ningún padre ni ninguna madre querrían pasar, ni deberían pasar.
Cuántas personas pierden seres queridos, y sufren como las que más, pero nunca llegan a quitarse la vida por mucho que durante mucho tiempo lo hayan deseado. Cuántas han sufrido por desamor lo indecible, y tampoco jamás lo han hecho. Y cuántas otras han sufrido la indigencia y tampoco se han quitado jamás la vida.
La vida es algo que sólo se vive una sola vez. La muerte es un viaje sin retorno, un viaje para el cual sólo hay billetes de ida, no existen billetes de vuelta. Cuando estemos atravesando una situación muy desafortunada o tengamos un problema o problemas que nos hagan sentir en lo más profundo de nuestro ser, el deseo irrefrenable de irnos de éste mundo, creo que lo que deberíamos hacer es, fundamentalmente, hablar con alguien, contarle lo que nos está pasando, lo que estamos sintiendo, a un ser querido, a un amigo, a una pareja, a una persona cercana en la que confiemos, a un profesional…
Teresa.

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